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China se apunta a la energía verde

18/01/2010,- Casi medio millón de habitantes muere cada año en el país por la contaminación. Pese a negarse una vez más a firmar un acuerdo vinculante en la pasada Cumbre de Copenhague, el Gobierno parece estar dispuesto a controlar sus emisiones promocionando proyectos en energías limpias.

A principios de 2007, en la remota región de Yunnan, a un dirigente del Partido Comunista chino se le despertó la conciencia ecológica mientras contemplaba las montañas de la comarca, devastadas y plagadas de calvas a causa de las excavaciones industriales. Sin pensárselo dos veces, ordenó pintar con brocha gorda la roca desnuda, coloreando «parches» verdes entre los bosques tropicales.

Durante décadas, la «política medioambiental» de China ha funcionado de una manera parecida. A pesar de que el Gobierno empezó a hablar de la importancia del entorno natural en los años 60, las pocas leyes aprobadas al respecto nunca fueron aplicadas con rigor y quedaron siempre relegadas a la gran prioridad del Partido desde finales de la década de los setenta: el crecimiento económico a cualquier precio. Y así, en su frenética carrera hacia el desarrollo, China ha provocado lo que los ecologistas consideran la mayor catástrofe ambiental de todos los tiempos. «Hemos recorrido en 30 años el camino que otros países hicieron en 300, así que era inevitable que esto ocurriese. Estamos teniendo todos los problemas medioambientales a la vez y ni siquiera hay tiempo suficiente para estudiar el origen de cada uno», explica Shiqiu Zhang, profesora de Ciencias Ambientales de la Universidad de Pekín.

Los preocupantes datos

Según estudios oficiales, casi medio millón de personas muere cada año por causas relacionadas con la contaminación, mientras que en torno a 500 millones, la mayoría campesinos, no tienen acceso a agua potable. En algunas provincias, los pozos y manantiales ni siquiera son seguros para regar los campos. En los últimos cinco años, el desastre medioambiental ha obligado al Gobierno a revisar sus planes de desarrollo, ya que según distintos estudios China pierde entre el tres y el diez por ciento de su Producto Interior Bruto (PIB) por motivos relacionados con el deterioro ecológico. «Los problemas son tan obvios y tan visibles que millones de chinos han tomado conciencia de la noche a la mañana. En muchos casos la educación ecologista no es necesaria porque la gente está sufriendo los efectos en su propia vida diaria», comenta Pang Cheung, director de Greenpeace en el país.
La emergencia ecológica se ha convertido en una cuestión de estabilidad social. Quizá por ello Pekín ha decidido, por fin, tomarse en serio el desafío. «El problema es demasiado grande como para no hacerle caso y cada vez hay más protestas populares relacionadas con las catástrofes ecológicas», razona Cheung. Buscando recuperar el tiempo perdido, el Partido Comunista está actuando a un ritmo frenético: aprobando leyes, plantando millones de árboles, intensificando los controles sobre las industrias y movilizando ingentes recursos económicos para combatir la degradación ambiental. «El auténtico cambio llegó en el 2006 y desde entonces ha habido un progreso espectacular. Sólo hay que ver el cielo de Pekín, que en abril registró los mejores datos desde el año 2000», razona la norteamericana Deborah Selingsohn, directora del World Resources Institute en Pekín.

Esfuerzos energéticos

Uno de los esfuerzos ecológicos más destacados se está produciendo en el sector energético. Y es que la producción de electricidad es el talón de Aquiles del desarrollo chino, completamente dependiente del único recurso que su vasta geografía ofrece en abundancia: el carbón.

Este hidrocarburo, el más contaminante de todos, abastece actualmente más del 60 por ciento de las necesidades del gigante asiático. Y precisamente para deshacerse de esta nube negra que oscurece ciudades enteras en el norte de China, las autoridades han aumentado a un ritmo del cien por cien anual su inversión en energías renovables en los últimos cinco años.

China no sólo está construyendo la mayor instalación eólica del mundo, sino que en la producción de energía a través de placas solares es ya el líder mundial. El sector ha recibido además un inesperado espaldarazo gracias a la crisis. De los 407.000 millones de euros del paquete de estímulo aprobado en 2009 por China para combatir el deterioro de la economía, varias partidas fueron dedicadas a reducir las emisiones contaminantes.

Más de 20.500 millones fueron adjudicados a proyectos de promoción de energías renovables. A principios del verano pasado el Gobierno chino prometió que un 20 por ciento de su consumo energético provendrá de energías limpias antes de 2020, una cifra comparable a la utilizada por algunos campeones ecológicos tradicionales como Alemania o Japón. Para cumplir los objetivos se llevan a cabo obras faraónicas, como los 6.600 molinos plantados en las arenas semidesérticas de Gansú, más de 1.500 kilómetros cuadrados de parque eólico. «Este proyecto es sólo una parte. El Gobierno tiene preparados otros siete parques de estas características. En diez años pretendemos sacar del viento el diez por ciento de nuestro consumo», explicó en una reciente entrevista con este diario Li Jun Feng, director de la Comisión de Energía de China y vicepresidente del Consejo Global de Energía Eólica.

China también realiza inversiones millonarias en las llamadas centrales de «carbón limpio», que reducen considerablemente el impacto ambiental de este fósil. «También la eficiencia energética está mejorando. Se derrocha mucha menos energía que antes porque ha aumentado la legislación, el control y el nivel tecnológico de las centrales, las fábricas y también las viviendas y oficinas», destaca Sze Pang Cheung.

Según algunos expertos, China también ha obrado avances en cuanto a contaminación industrial y reducción de desechos tóxicos. «Se han cerrado miles de centrales y fábricas, y se ha obligado a muchas a cumplir con la ley medioambiental. La siguiente fase tiene que centrar los esfuerzos en el consumo privado y el caso más evidente es el del mercado de automóviles, que en 2009 se convirtió en el más grande del mundo», apuntó la profesora Shiqiu. La «emergencia ecológica» se ha convertido en uno de los temas más citados por líderes políticos chinos, que sacan el tema con más insistencia incluso que sus homólogos occidentales. La conciencia verde también va calando en al ámbito empresarial y algunas grandes marcas empiezan a hacer campañas medioambientales, algo inaudito en estas latitudes hace pocos años. La aparición de ONG es otro fenómeno reciente: inexistentes hace 10 años, las organizaciones ecologistas tanto independientes como sufragadas por el Gobierno se están convirtiendo en una tendencia entre las clases medias y altas. Con todo, la situación medioambiental en China sigue siendo catastrófica y el camino por recorrer es todavía muy largo. Uno de los mayores problemas es que las leyes aprobadas en Pekín se topan frecuentemente con la corrupción de las administraciones locales. «Por ejemplo, muchas fábricas compran la maquinaria obligatoria para reducir la emisión de agentes contaminantes pero sólo la encienden cuando saben que va a llegar una inspección para evitar la multa», concluye Sze Pang Cheung.

M.Prieto/Vida Sana - A.Villarino/La Razón.es

 

 

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