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Sistema penitenciario, otra forma de hacer las cosas

Con este artículo no queremos hablar ni a favor ni en contra del sistema penitenciario, sea español o de otros países. Hoy no queremos ocuparnos de eso. Lo que queremos es reivindicar que, incluso dentro del sistema penitenciario, existen otras formas de hacer las cosas.

Y uno de los mejores ejemplos en ese aspecto es el de la prisión de Bastoey, en Noruega, del que ya dimos noticia hace unos días. Pero hay más. 
La prisión Bastoey está ubicada en la isla de Bastoey, en Noruega, al sur de Oslo. Es un ejemplo para el sistema penitenciario de todo el mundo, ya que tiene paneles solares, el edificio se calienta con desperdicios de la industria maderera y no con petróleo, tienen una política de reciclado estricta, y para la comida son casi autosuficientes y, además, en ecológico y en local.

GRANJA ORGÁNICA EN OSLO
La prisión de Bastoey, para empezar, no es una prisión masificada. Sólo tiene 115 reclusos, un lujo si se compara con la población flotante de otras prisiones, que llegan a ser como pequeñas ciudades. Los 115 internos de Bastoey trabajan en una granja orgánica propia en la que no se utiliza ningún tipo de pesticida y donde se cultivan patatas, judías, diversos granos y bayas, otras hortalizas, según cada temporada, claro. Por otro lado, el excedente que no se come allí se vende a otras prisiones, con lo que esta gestión redunda en una mejora de las condiciones de vida de los reos y en ahorro al contribuyente. Pero también tienen una granja con 200 pollos, 40 ovejas y 20 vacas, e incluso pescan en las aguas del mar Skagerrak. “Es parte de nuestra forma de hacer que los internos tomen responsabilidades, al hacer que se ocupen de los animales y las plantas”, dijo el encargado de la prisión Per Eirik Lund. Los prisioneros también han ayudado a instalar paneles solares en uno de los bloques, y se espera que se instale también energía solar en los demás bloques y así reducir el costo de la electricidad.

CORRECCIONALES DE WASHINGTON
Otro ejemplo en este aspecto es lo que está sucediendo en Washington. El Departamento de Correccionales del Estado de Washington, responsable de más de 16.000 prisioneros que suponen un gasto público de más de mil millones de dólares anuales, está dándole un giro de 360 grados al concepto de prisión convencional. Dentro de las prisiones se están llevando a cabo todo tipo de talleres y formación de reclusos para que los reos, una vez cumplidas sus penas, se reintegren a la sociedad con titulación en puestos de trabajo “verdes”. Los diferentes cursos y talleres forman a los reclusos en albañilería para la bioconstrucción, en especialistas para la instalación de paneles solares, aislamiento de edificios, agricultores y ganaderos ecológicos, etc. Desde la prisión de Aberdeen, sus responsables señalan que este sistema tiene muchas ventajas y que también es importante para reducir el presupuesto de estas instituciones: la aplicación del sistema de reciclaje en sus instalaciones ha conseguido un ahorro de entre 150.000 y 200.000 dólares anuales. El proyecto, que se está poniendo a prueba en las prisiones de Washington desde julio de 2008, se basa en tres pilares fundamentales: la formación y la educación en empleos verdes; la gestión sostenible de las prisiones; la investigación científica y la ecología. En muchas instituciones penitenciarias del área se han instalado huertos que gestionan y trabajan los propios reclusos. Salen del “trullo” con mucha información y horas prácticas en ecología y alimentación saludable. Además, la mejor alimentación, según diversos estudios científicos, contribuye a relajar los ánimos y a atenuar conductas agresivas entre los internos.

ANDALUCÍA Y CEPEL
Jaime García Prudencio, ingeniero de montes y vinculado al Proyecto CEPEL (Hacia un proceso de Centros Penitenciarios Eco-Lógicos) ha señalado: “En Andalucía existen 12 centros penitenciarios repartidos por las distintas provincias. Si tomamos como ejemplo el Centro Penitenciario de Córdoba, cuya población media desde hace varios años es de aproximadamente 1.700 internos, podemos decir en términos de población absoluta que este centro es mayor que 284 pueblos andaluces. Estos datos nos han llevado a tomar la iniciativa de tratar a los centros penitenciarios como si fueran municipios andaluces, pero con las particularidades propias del sistema penal y de seguridad que los rigen; por todo lo demás son espacios donde personas de muy diversas procedencias y trayectorias sociales desarrollan sus vidas. Por lo tanto queremos introducir todas y cada una de las políticas ambientales que se están ejecutando con éxito en nuestra región”. Hay que decir que Andalucía lidera el ranking español de número de centros penitenciarios y de población reclusa. El Proyecto CEPEL, según García Prudencio, quiere ser “una apuesta por implantar en estos centros las políticas ambientales que se están aplicando por todo el territorio andaluz, empezando por introducir los procesos típicos de las Agendas 21, o sumándonos a la Estrategia Andaluza de Educación Ambiental, hasta aplicar las recientes políticas de sostenibilidad y los modernos sistemas de gestión medioambiental (SGM). Creemos que los centros penitenciarios andaluces pueden convertirse en emblemas del cambio social y medioambiental internacional, presentándose esta propuesta como un modelo de acción y demostración. Los muros de las prisiones deberían ser de cristal para que se pudiera ver en su interior. Poco a poco esta frase se va haciendo realidad, no en su sentido literal sino en la estrategia de gestión que se está iniciando en estos centros. El proyecto CEPEL y el convenio interinstitucional que lo hace efectivo es una consecuencia de ello. El Ministerio del Interior mediante la Dirección General de Instituciones Penitenciarias y la Junta de Andalucía-Consejería de Agricultura y Medioambiente a través de sus DG. de Agricultura Ecológica y de Educación Ambiental y Sostenibilidad respectivamente… se reúnen para colaborar cooperativamente en la introducción de enfoques de sostenibilidad en los centros penitenciarios”. Las diferentes líneas de acción del Proyecto CEPAL inciden en la formación, capacitación y consumo ecológico de los presos. Así, un reo puede cursar un curso como horticultor ecológico y, al mismo tiempo, producir hortalizas ecológicas para el autoconsumo en el propio centro penitenciario. O salir del centro con una formación profesional de instalador de paneles solares, por ejemplo.

DESDE PORTUGAL
No siempre tenemos que ver a los reclusos como objeto de nuestra solidaridad. También ellos pueden ser solidarios con los demás. Desde hace ya casi tres años, los reos de cinco establecimientos penitenciarios portugueses cultivan ecológicamente 25 hectáreas de terreno para donarlos a las poblaciones más desfavorecidas de Portugal. No pierden el tiempo en la cárcel, sino que lo aprovechan par ayudar a los que más lo necesitan. Los productos que se extraen de estos campos son distribuidos por los voluntarios de "Bancos Alimentares", una asociación de organizaciones sin ánimo de lucro que lucha contra el desperdicio de los alimentos y que los distribuye de forma gratuita entre las personas necesitadas. 
La Dirección General de Servicios de Prisiones y la Federación Portuguesa de Bancos Alimentarios contra el Hambre elaboraron un acuerdo de cooperación mediante el cual el Ministerio de Justicia llevó a cabo la donación de terrenos en cinco prisiones para el proyecto “Huerta Solidaria”, mediante el cual toda la cosecha es entregada a los Bancos Alimentares, que la hacen llegar a los más necesitados. El proyecto, que ya funciona desde hace tres años, se enmarca en el concepto de “Educación para la Ciudadanía”, en el que los voluntarios de diversas organizaciones caritativas llevan a cabo acciones conjuntas con los reclusos de prisiones con el objetivo de transmitirles competencias en el área de la ciudadanía y la responsabilidad social. El recluso deja de ser un ente pasivo, siempre al amparo de la sociedad. Deja de preguntarse: “¿Qué puede hacer la sociedad por mí?”Y empieza a actuar según otra premisa muy diferente. “¿Qué puedo hacer yo por la sociedad?”. Y este cambio de actitud es el principio de una revolución necesaria para todo el planeta.

Pablo Bolaño



LA BELLEZA ESCONDIDA
UN BROTE DE ESPERANZA
Como ha explicado muy bien nuestro compañero Pablo Bolaño al encabezar este reportaje, no es el fin de éste poner en cuestión el sistema penitenciario. Es obvio que, desde EcoActivistas y desde The Ecologist, todo lo referente a esa cuestión lo vemos desde un prisma muy diferente al de la Administración, sea ésta del color que sea. Pero, si por la razón que fuere, uno acaba dando con sus huesos en la cárcel, y si uno no ha visto más en la vida que miseria y degradación, la ecología puede ser un revulsivo para rehacer su vida y seguir luchando contra el Sistema, pero no por abajo, sino por arriba, es decir, con más inteligencia, beldad y sabiduría que el propio Sistema. La agricultura ecológica es en sí misma una forma de redención. Cultivar un huerto y verlo crecer es una muy buena manera de aprender a ver la belleza que se esconde en todo. 

EcoActivistas


EL CAMBIO DE ALIMENTACIÓN
OTROS ÁNIMOS

Los estudios científicos nutricionales con los trabajos de Gesch a la cabeza son paradigmáticos. Los trabajos periodísticos de nuestra compañera de The Ecologist UK también son absolutamente definitivos. Determinadas dietas pueden comportar, o no, cambios en las conductas. Por ejemplo, las conductas más agresivas están vinculadas a alimentos con mucho azúcar blanco, mucha proteína animal, productos refinados, grasas muy saturadas, etc. Sin embargo, una dieta muy vegetariana, sin apenas azúcar blanco, sin productos refinados, con pocas o nulas grasas saturadas… conlleva conductas más sociables. En Países Bajos, por ejemplo, las autoridades ya han introducido estos cambios dietéticos en la población reclusa con el objetivo de reducir drásticamente el porcentaje de conflictos violentos dentro de las instituciones. Si los reclusos de todas las instituciones penitenciarias tuvieran acceso a una dieta biológica, local, de temporada, artesana, cultivada por ellos mismos, el clima dentro de las prisiones cambiaría hacia mejor y, por otro lado, la reinserción de estos presos sería mucho más fácil.

EcoActivistas

 

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